jueves, 29 de diciembre de 2011

JUNIOR

Junior veía cautivado el pendiente brilloso que colgaba de su mano, sus ojos se perdían en el ir y venir del objeto causado por el más mínimo movimiento de su diestra.  No sabía qué clase de cristal era: diamante, brillante, simple vidrio, eso era totalmente intrascendente, lo único que le importaba era su brillo, ese destello que de vez en vez se tornaba en los colores del arcoiris, amaba los colores y las cosas brillosas.

Su boca, siempre medio abierta, babeaba de manera copiosa, cualquiera podría atribuirlo al nivel de enajenación en se encontraba, lo cierto era que el principal responsable tanto de sus babas, como de su retraimiento, su total falta de sentido del bien y el mal, además de sus balbuceos por palabras y esa extraña mirada que en ocasiones daba escalofríos, era un marcado y agudo retraso mental, a sus doce años, su comportamiento era muy similar al de un pequeño de cuatro o cinco años.

Su madre, una prostituta de mediana reputación, decidió no tratarlo esperando que muriera pronto, para su mala fortuna, la vida del pequeño se había prolongado ya hasta la pre adolescencia a pesar del descuido, la mala alimentación y el maltrato del que era objeto casi a diario.

Los golpes que le propinaba a puños el amante en turno de su madre, la incontable cantidad de cigarrillos apagados en un tierna piel, los gritos de odio, eran olvidados rápidamente a pesar de las cicatrices y el sabor a sangre en la boca, la memoria de junior no le permitía recordar lo sucedido más allá de unas  horas o, en el mejor de los casos, uno o dos días.

El muchacho se veía siempre feliz a pesar de estar recluido en un rincón, el tobillo derecho atado con una cuerda a la pata de una pesada mesa, le impedía ir más allá de unos metros de la esquina que él consideraba su espacio personal. Vestido siempre en ropa interior, camiseta y calzoncillos que alguna vez fueron blancos, siempre sucio por la falta de atención, lo bañaban una vez a la semana, si tenía suerte.

El juguete más preciado de Junior era una pelota de hule espuma atada a una cuerda elástica con la cual se entretenía por horas arrojándola contra la pared.

Esa noche, su madre tenía compañía y a pesar de lo alto de la música, el “Romeo” se quejó del golpeteo de la bola en la pared, la mujer, furiosa, le arrebató el juguete y lo arrojó por la ventana. Junior quiso llorar pero justo en ese momento la mujer lo tomó de los hombros y le gritó al rostro mil ofensas que él jamás entendería, fue cuando  sus ojos se clavaron en los pendientes de la mujer, el brillo de las piedras blancas lo hipnotizó, los destellos multicolores que escapaban cuando su madre se movía le hicieron sonreír.

-¡Deberías morir de una buena vez loco!-

Junior no le escuchó, la ansiedad de tener ese lindo brillo entre sus manos le hizo estirar su brazo derecho en afán de tocar esa pequeña estrella que pendía de los orejas de su madre. Si, ese destello le recordaba las luces que tupían el negro del cielo por las noches, tenía que tocar con sus manos ese pequeño milagro de luz, un fuerte empellón lo alejó bruscamente de su objetivo, el pequeño golpeo fuerte contra la pared de madera y cayó sentado pesadamente en el suelo.

-¡Aléjate de mí,  Estúpido!- Gritó la mala madre.

A pesar del fuerte golpe, él no lloró, sus ojos seguían clavados en los destellos coloridos de los aretes. La mujer se dio la media vuelta y abrazó a su amigo ocasional sin importarle en absoluto la presencia de su hijo. Las cosas subieron de tono entre los amantes, mientras Junior trataba de seguir el brillo de los pendientes con los ojos, el sujeto se dio cuenta que el joven no dejaba de verles, se alejó del abrazo, se aproximó al rincón, solo a unos centímetros del rostro del muchacho, el vaho apestoso a cigarrillo y alcohol llegó acompañado de unas palabras en tono de pocos amigos:

-¿Qué ves morboso? ¿Quieres ver como se lo hago a la perra de tu madre? –

Las palabras en él no significaban nada, lo que le molestó fue que el sujeto le impedía ver el destellos de los aretes, desesperado, empezó a llorar lo cual no fue tolerado por su papá en turno, de un revés de derecha entintó los labios del pequeño en rojo, acto seguido, del bolsillo trasero de sus vaqueros azules, sacó una navaja plegable la que abrió con un solo y diestro movimiento, puso las más de siete pulgadas sobre la mejilla de su víctima:

-¿Y si te corto la lengua?-

Sin afán de salvar la vida de su hijo, la mujer abrazo desde atrás al tipo:

-Ya deja al idiota y vamos a la recámara, hazme tuya papi-

El filo de la navaja recorrió el rostro del muchacho dejando a su paso un delgado hilo escarlata y una herida superficial en la piel, acto seguido, tomó la navaja y la clavó con fuerza a unos centímetros del rostro asustado. El pequeño se sacudió tanto por la impresión como por el fuerte sonido del golpe.

-¡Cobarde!-

Cargó a la mujer entre sus brazos y  se dirigieron a la recámara.

Sentado en su rincón, en el suelo, en ese espacio hediondo entre restos de comida putrefactos, orina y baba. Se perdió en sí mismo mirando a la nada durante una hora, tal vez un poco más, los sonidos que escapaban de la habitación no existían en su mundo lejano al nuestro. De pronto, algo lo sacó del trance, ¿Un ojo mirándole?, se sorprendió, su curiosidad era in mensa así que volvió a buscar ese ojo que salía de la nada, ahora lo que vio fue una boca, dientes chuecos y algo de sangre en los labios. Bajó un poco la mirada y volteó de nuevo y ahí estaban de nuevo los ojos clavados en los suyo, era su propio reflejo escapaba de la navaja aún clavada en la pared, tomó el arma por el filo para desprenderla de pared, al tirar de ella, se corto levemente los dedos, se llevó rápidamente la diestra a la boca por instinto y mientras chupaba la herida, molesto, dio un puntapié a la cacha lo cual fue suficiente para desprenderla de su prisión. Una sonrisa le iluminó el rostro, aplaudió solo un par de veces y con cuidado levantó su nuevo juguete del suelo. Fueron más de quince minutos los que, divertido, se vio en la brillante hoja de metal, maravillado de ver cómo, cuando movía su mano, la forma de su rostro cambiaba en el reflejo.

Inocente quiso mostrar a su madre su nuevo descubrimiento, se puso en pié y corrió hacia donde ella dormía exhausta de su reciente actividad física, fueron solo tres pasos los que alcanzó a librar, la cuerda que ataba su tobillo se manifestó causándole una aparatosa caída durante la cual, la navaja escapó de sus manos deslizándose por el suelo a un par de metros más allá del margen de tolerancia de la cuerda. Por más que se estiró, la distancia entre sus dedos y el arma no se acortaba. Lo intentó de nuevo una y otra vez, la cuerda de su tobillo empezó a resbalar por el abundante sudor que le cubría y por la posición casi recta en que tenia la articulación, en unos minutos y sin proponérselo, era libre, sin tomar eso en cuenta, tomó el arma blanca entre sus manos y continuó su camino a la habitación.

A pesar de que la puerta estaba abierta, Junior se detuvo en el marco de entrar como si un campo de fuerza invisible le marcase el alto, el interior a media luz, siempre le había intimidado, tal vez  por el recuerdo de sus primeras golpizas. El cada vez más familiar hedor a ron y tabaco le causaba una sensación de temor , se paró cuan largo era  tratando de distinguir la silueta femenina recostada, en un intento de ver más allá recurrió a sus puntas y estiró el cuello mientras abría al máximo los ojos.  A paso muy lento se adentró hasta estar cerca de la cama, miró la navaja en sus manos y sonrió de pensar que su mamá gustaría de su juguete nuevo, quiso  sorprenderle y saltó sobre el colchón, olvidó que ella no estaba sola. 

Junior fue  a caer con todo su peso sobre el estomago del tipo que dormía plácidamente. Al sentir las rodillas clavarse sobre su zona blanda, despertó en el acto, con los ojos desorbitados y  gritando maldiciones  como un  loco, el miedo invadió a Junior quien en un acto totalmente reflejo, clavó con fuerza la filosa navaja en el cuello del fulano cercenando de un tajo la Yugular. La sangre escapaba a borbotones y en cuestión de segundos, el cuerpo sin vida del tipo quedó tendido en la King size en medio de un charco de su propia sangre.

Temeroso, Junior tocó el rostro del cadáver, al no ver respuesta y en un acto sin precedente, empezó a golpear con el puño cerrado el cuerpo sin vida, una y otra vez repitió la operación mientras una extraña sonrisa se dibujaba en su rostro.

La mujer seguía dormida, tal vez por el cansancio o por el exceso de alcohol combinado con pastillas psicotrópicas, el joven la miró con ternura, después de todo el instinto de hijo existe al igual que el de madre, aunque ella parecía empeñarse en negarlo. El arete le llamó de nuevo la atención

-“Que lindo”- pensó en su idioma incomprensible

Rozó con sus dedos la pieza, la tomó en un puño y sin un ápice de delicadeza, tiró fuerte de ella rasgando el lóbulo en el mismo movimiento, el dolor despertó a la mujer en un horrendo grito rompió el silencio profundo de la madrugada. Junior aterrado, escuchó como le gritaba cualquier cantidad de improperios, en un intento desesperado por hacerla callar, de un movimiento extrajo el arma del cuello del sujeto y la clavo en la misma zona ahora en el cuerpo de su madre, quien atónita apenas descubría el cadáver de su amante, quiso golpear a su hijo pero para ella era ya demasiado tarde, su cuerpo ya sin vida cayó pesadamente sobre el del tipo mientras la sangre escurría sobre  por ambos cuerpos.

Junior veía el pendiente que ahora colgaba de su mano, los rayos del sol naciente que se colaban por la ventana, se convertían en lindos colores una vez atravesaban la pieza . El muchacho sentado en el centro de la cama, en medio de un charco de baba, orina y sangre, los cadáveres a su lado, eso no le importaba, solo los colores, los lindos colores que escapan de la piedra  son importantes.

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