jueves, 22 de noviembre de 2012

LA CREACIÓN


Sus ojos azules se abrieron de pronto,  No lograba recordar cómo llegó a casa, cerró los ojos, aspiró profundo y se sentó a la orilla de la cama, flashazos llegaban a su cabeza: él con su familia, su graduación de la universidad, el día de su boda, de pronto, fuego, una explosión.
Sacudió la cabeza queriendo acomodar las ideas: “¿Qué pasó?” se preguntaba, aspiró profundo, un extraño sonido escapó de sus pulmones, no lo tomó en cuenta, giró la cabeza para tronar el cuello y liberar así algo de estrés, de nuevo, un zumbido escapó ahora de sus articulaciones.
Un pequeño esfuerzo y la memoria empezó a  aclararse, Dr. Liam Rigth, especialista en cibernética,  creador del androide RV-10,  más que cualquier robot, su invento tendría la función de almacenar en una tarjeta digital toda la información del cerebro humano incluyendo recuerdos, hábitos y personalidad, la finalidad del proyecto era, una vez concluido,  dar vida más allá de la muerte a las personas con los medios para pagar semejante tecnología. Aún había mil detalles pero lo más probable es que en un par de años  podrían hacer las primeras pruebas.
Tanto trabajo”,  pensó para sí, de nuevo aspiró profundo y abrió los ojos, ya ubicado en quién era, desconoció de inmediato la habitación, nada que ver con las paredes blancas y los ventanales a los que estaba acostumbrado, por el contrario, la recámara era  oscura, sin ventanas, la cama sobre la que estaba parecía más bien camilla de hospital, individual, metálica. Recorrió con la mirada el lugar “¿Estoy en un hospital?” “¿Qué me pasó?”, nada había en el lugar más allá de la cama, un tenue luz  que le iluminaba y un extraño aparato con muchas luces de distintos colores, que emitía un “beep” de vez en vez.
La confusión le hizo presa y por un segundo se sintió desesperado, quiso salir corriendo, pero su raciocinio  fue más grande que el instinto, bajó la cabeza queriendo recordar lo sucedido la noche anterior, pasó  la palma de su diestra desde su frente  hasta la barbilla, ahí notó que algo no andaba bien, repitió la operación  su piel se sentía rara, fría, sin vida,  puso su mano frente a sus ojos , no dio crédito a lo que veía,  una mano blanca de plástico con articulaciones metálicas se movía frente a él , abrió los ojos al máximo, puso ambas manos frente a sus ojos, la misma historia, exploró su cuerpo, todo era plástico con las articulaciones en metal. Cuando más confundido estaba, una puerta casi imperceptible a los pies de la cama se abrió en automático, un sujetillo calvo,  envuelto en una bata blanca se dirigió  a el: “Dr. Rigth, ¿Cómo se encuentra? Imagino que confundido, relájese un poco, no intente hablar, mire esto” Acto seguido puso en sus manos un espejo, Liam  procedió a ver su reflejo mientras el sujetillo hablaba: “El día del accidente pensamos que lo perderíamos Dr. Su auto volcó, alguna falla con los frenos, y se incendió, cuando sacamos su cuerpo, apenas y respiraba, los médicos no dieron esperanza, Marielle, su esposa, accedió al procedimiento” “Marielle” repitió apenas el Dr. Liam “Ella está bien, esperando que le procedimiento sea concluido
El joven seguía perdido en su reflejo, su rostro plástico, blanco, de ojos azules, era por demás expresivo, maravillado,  no dejaba de tocar su frente y mejillas, de repente sonrió y solo atinó a decir: “Soy mi propia creación

sábado, 20 de octubre de 2012

La cosa


Amanda se revolcaba en la cama,  le era difícil encontrar su lugar, no sabía si era por el exceso de tareas y exámenes o por las noticias que rondaban al campus, se decía que habían desaparecido ya seis estudiantes entre hombres y mujeres  en solo un par de semanas,  la más reciente fue su compañera de clase, una chica llamada Jesica que si bien, no era su amiga,  era buena compañera de clase, tal vez era eso lo que le impedía dormir esa noche, el hecho de saber que uno de los desaparecidos era, de alguna manera alguien a quien ella conocía.
Cansada de dar vueltas  sin poder dormir, decidió consultar el reloj digital que descansaba sobre el buró a la izquierda de la cama, los dígitos, en  una profunda luz roja, delataron la hora, las 3:03 de la mañana, Amanda recordó algunas historias que se contaban con respecto a las tres de la mañana, sonrió y se encobijó para intentar, ahora si, conciliar el sueño.
Un ruido  que escapaba del rincón mas oscuro de la pequeña habitación le llamó la atención,  se sentó asustada, encendió la lámpara que estaba justo a un lado del reloj, dirigió la mirada al rincón, no distinguió nada claramente, pero alcanzaba a escuchar algo raro, como un jadeo constante, casi inaudible, como un perro después de correr, solo que casi silencioso, tomó la lámpara con su mano derecha y se arrodilló sobre la cama en afán de acercarse  e iluminar el rincón, de entre la oscuridad, de repente, alcanzó a distinguir algo parecido a un par de ojos amarillentos que le veían fijamente mientras reflejaban  la luz de la lámpara, muerta de miedo pero invadida de curiosidad, avanzó de rodillas hasta la esquina de la cama  alumbrando poco a poco el rincón,  la luz llegó casi hasta el suelo, había alguien, o algo tirado boca abajo en la alfombra azul mirándole fijamente, pensó que,  tal vez su mente le había jugado alguna broma, quiso alumbrar mas, salir de su duda, la lámpara opuso resistencia, ella haló con fuerza  y acto seguido el reloj cayó al suelo haciendo un ruido escandaloso y la  habitación quedo totalmente a oscuras, ella cometió el error de voltear a ver la fuente del ruido, descuidó solo un segundo lo que veía, cuando volvió la cara en medio de la oscuridad a donde estaba esa cosa a uno metros de ella, pudo sentir la respiración agitada justo frente a ella, a unos centímetros de su rostro, un escalofrío le recorrió la espalda completa, algo cayó en sus manos, húmedo, frio, era baba.
Una fuerza empujó a Amanda hasta el otro lado de la cama, en la negrura de la noche, no alcanzó a distinguir quien le hacía eso, por un segundo opuso resistencia, pero fue inútil, esa cosa jadeaba encima de ella, en su cara, el peso sobre su cuerpo le impedía moverse, la baba le caía en el cuello desnudo, el pánico la  invadía, quiso gritar pero nada salió de su garganta, abrumada por todo, ella terminó desmayada sobre la cama.
La luz del día dio en el rostro de la chica, despertó aun asustada, buscando como loca a la criatura de la noche anterior, en el piso aun estaban el reloj y la lámpara pero nada mas, buscó incluso debajo de su cama, nada, pensó entonces que había sido solo una pesadilla,  decidió olvidar el incidente y seguir su rutina normal, así que después de un baño, se dirigió a clases, retomando la vida justo donde la dejó la noche anterior.
De nuevo, revolviéndose en la cama, el día había pasado prácticamente sin recordar el incidente, ahora, despierta, miró de nuevo el reloj y una desagradable sensación la recorrió completa al ver la hora que marcaba 3:03 A.M.  Casi de  inmediato, se repitió la historia, el jadeo incesante  que la llamaba a ver que se ocultaba en el rincón de la recámara. Esta vez decidió hacer caso a su instinto y no a su curiosidad se arropó hasta la cabeza en las cobijas y así permaneció, unos minutos después, pudo sentir como algo subía a su cama y se arrastraba hasta donde ella estaba arropada, sintió como una especie de mano, mas bien una garra, recorría su cuerpo por encima de las cobijas, ella temblaba del miedo, fue tanto su pánico, que su mente quedó en  blanco  y se desmayó de nuevo.
En la mañana, despertó asustada, esta vez, la sábana estaba cubierta de algo amarillento, ¡Baba seca! El miedo la invadió, llegó a pensar  que se estaba volviendo loca,  pero no podía contarle a nadie lo que pasaba pues, si ella misma no lo creía, cualquiera que la escuchara pensaría que, en efecto, se volvía loca. Ese día paso volando, cada hora que pasaba, la acercaba  a regresar a su habitación,  no tenía a quien recurrir, temía que la juzgaran, que la internaran  en un manicomio, no sabía que hacer, esa tarde se compró una lámpara de mano y  un cuchillo grande de cocina, llegó a su habitación preparada para todo,  el trayecto de las 8 a las dos de la mañana fue eterno, aun así, dormir le fue imposible, con toda su ropa bien puesta y lista a lo que viniera, volteo a ver el reloj, la hora era exacta 3:03 A.M.  Casi de inmediato, los sonido se hicieron evidentes, Amanda se armó de valor, alumbró con la lámpara de mano la esquina y, por primera vez desde que terminó la aventura, pudo ver claramente  una parte de lo que era, parecía un ser humano, desnudo, amorfo, sus cuatro extremidades eran largas, iguales entre ellas, mas que manos o pies, eran garras largas y muy similares entre ellas, sin dejar de ver a esa criatura, encendió la luz de la recámara, para su sorpresa, al fin pudo ver completo al ser y ¡Era una mujer! Su rostro casi humano y femenino se le hizo muy familiar,  se parecía mucho a Jesica pero totalmente deforme, sus labios no existían y los dientes expuestos eran similares a colmillos, solo colmillos, una boca sin labios repleta de colmillos, el cabello,  a pesar de ser largo, era ralo, escaso y la piel, en términos generales era blanca, pálida, casi transparente, la criatura se empezó a mover lentamente, parecía una araña humana, le veía con esos ojos amarillos profundos, Amanda moría de miedo, quiso correr hacia la puerta, ese fue un gran error, la criatura era mucho, pero mucho mas veloz que ella, llegó antes a la puerta y con un revés de su garra superior izquierda  lanzó  a la chica hasta la cama, casi en el acto, la cosa esa estaba encima de ella, cubriendo con su cuerpo deforme el cuerpo de ella, los rostros estaba frente a frente, Amanda moría de miedo, la criatura parecía disfrutar el miedo que escapaba por los poros de la joven, ella intentó con todas sus fuerzas escapar pero eso era imposible, el cuchillo cayó de sus manos y la criatura parecía reír encima de ella.
El día alcanzo de nuevo a  Amanda sin recordar mas allá del momento del desmayo, ese día, decidió limpiar cada rescoldo de la habitación, no encontró nada, ¿Dónde podría ocultarse la criatura?  
El día se fue volando, Amanda pensaba que, tal vez, la criatura ya no estaría esa noche, trató de lidiar con ello y decidió  ver un poco de televisión,  la hora señalada le alcanzó mirando un programa de comedia, como de costumbre, algo le hizo ver el reloj justo a la hora adecuada, pero por alguna razón, no tomó en cuenta lo que se venía encima como todas las noches, algo en la pantalla la  hizo reír, justo en el momento en que la criatura subía a la cama, su risa fue como un golpe seco en la cabeza de la criatura que incluso se desvaneció hasta caer al suelo. Una idea cruzó la cabeza de Amanda, ¨La criatura se alimenta del miedo¨  así que, se armó de valor, y empezó a reír como loca, la criatura se revolcaba en el suelo, trataba de meterse en su rincón  desesperada, con la luz encendida, Amanda se acercó sonriendo, la criatura se veía perdida, parecía suplicar por su vida, pero era demasiado tarde pare ella, Amanda sacó el cuchillo y lo clavó sin misericordia cualquier cantidad de veces en el cuerpo de la criatura. La cosa esa chillaba como cerdo al ser sacrificado, una vez que dejó de  moverse, ella, Amanda,  empezó a ver con cuidado el cuerpo sin vida, sin duda, ¡Era una mujer! Pero ¿Qué demonios le paso? En eso estaba su mente, cuando de la nada una voz se escuchó en su espalda, parecían muchas voces en una sola:
-Has tenido mucha suerte humana, pero nosotros no nos equivocamos dos veces, esto que ha sucedido hoy, jamás se repetirá te lo garantizamos-
De pronto, la oscuridad total.
Ha pasado quien sabe cuanto tiempo desde que eso sucedió, Amanda abre los ojos algo mareada, esta tirada sobre la alfombra, sonríe al reconocer el lugar, está en su cuarto, a un lado, en la oscuridad, distingue su cama, encima hay alguien , alguien que huele delicioso, se levante lentamente, avanza hasta la cama, y con su garra derecha, acaricia el rostro del chico que duerme en la cama, el joven abre los ojos y al ver a esa criatura frente a su rostro grita invadido de terror, Amanda disfruta eso como nadie, es tan refrescante, tan rico, tan  abundante en sentimiento, grita en el rostro de la joven victima que, a cada momento, mas y mas se invade de terror mientras ella disfruta ese banquete de miedo que le quita el hambre y le hace sentir taaaan bien, un loco frenesí de terror, es momento de repetir la historia, pero ahora, del otro lado de la mesa…

domingo, 16 de septiembre de 2012

De amor y de perdon

El sonido repetitivo del telefono le despertó, algo molesto, Beto levantó el mobil, reconoció el número entrante, "Laura"  su ex novia, decidió no responder, ellos habían terminando una hermosa relación por un mal entendido,  el parecía no tomar en serio la relación, ella pedía mayor formalidad, después de un año y amándose mucho, ella decidió cortar la relación, el , por orgullo, se tragó el amor y ambos se separaon, hacía ya mes y medio que no estaban juntos, que  no se veían. El  mobil de Beto sonó nuevamente, ahora era el tono de sms, Decidió leerlo, era de Laura,  el mensaje decía: "Amor, yo sentí lo mismo que tu anoche, por favo quiero verte, te extraño, necesito verte de nuevo, te espero en el parque grande a las tres de la tarde, por favor, no faltes"  Beto sonrió pues el también la extrañaba mucho y la amaba muchísimo, pensó que al fin se le había "bajado" el coraje y que tal vez, ahora si podrían consumar el noviazgo en lo que ella anhelaba tanto... Matrimonio!

Mientras se duchaba, el joven recordó su sueño, en él, sentía como que estaba debajo del agua, una enorme presión en el pecho, era dificil respirar. ¿A eso se referiría Laura?

Camino al parque, él le compró un collarcito con una imagen que ella adoraba, una tarjeta con la misma imagen en rosa y escribió: "Te amo hermosa, espero que logremos olvidar nuestros orgullos, se que me amas, pero te lastimé, esta vez será diferente, quiero que seas mi esposa Laura"  Tomó asiento en la banca donde matarón tantas veces al sol entre risas y besos, miró al pasto que tanto maltrataron con sus cuerpos mientras jugaban ahí, y una sonrisa se marcó en sus labios.

El "bip bip" de su reloj delató la hora, las tres exactas, levantó la vista como halado por una fuerza invisible, ahí estaba ella, tan hermosa como siempre, alta con sus tacones que la hacian ver espigada, su cabello rubio a los hombros parecía robarle el brillo al sol, sus ojos cubierto con gafas de aumento, sus sonrisa perfecta, su piel, blanca, lucía más pálida de lo normal, su paso tan cadencioso como siempre, ella iba en un vestido blanco, arriba de la rodilla, de tirantes, con la misma imagen de la tarjeta, bordada a la izquierda del faldón.
Se veía tan bella!!!

El se puso en pie de inmediato, quiso abrazarla, besarla decir mil cosas, ella, puso su indice en  los labios de el y solo dijo Shhh, caminemos,  mientras andaban ella le dijo: 

"Se que has estado triste, yo también y que me has extrañado tanto como yo a ti, se que comes poco y no duermes, si me has soñado como yo a ti,  se que ME AMAS TANTO COMO YO A TI, por favor bebé, amor, cuidate."
El respondió:
"Amor, fue una tonteria la que nos llevo a esto el orgullo tonto de ambos, mi cobardía por no formalizar lo nuestro, tu premura por hacerlo, bebe, ahora entiendo todo, quiero que seas mi esposa" 

Ella  le hizo callar con un beso en los labios:
"Ambos nos hicimos daño bebe y no vine a discutir eso amor, ni a que me pidas perdón, solo quiero que sepas que, aunque las cosas no se arreglaró, jamas dejé de amarte y creo que nunca es tarde para decirte cuanto te amo y sentir que tu también me amas  mi. Esperé tu llamada, nunca la hiciste, esperé tus mensajes, nunca llegaron, te esperé en la ventana de mi habitación y jamas llegaste. De pensarte de esperarte y de no verte, se borró mi apetito, mi sed, mi gana de vivir, mi color se fue con la sombras, por eso me ves pálida y con los ojos tristes, y no Bebe, no te culpo, jamas lo haría, este error fue de dos yo también tuve culpa amor. Tu sueño de anoche, yo lo vivi también, pero con mucho mas dolor, grité tu nombre, te pedí perdon mil veces. Que lastima que no me hayas escuchado, que no me hayas llamado pero amor... NUNCA ES TARDE PARA PEDIR PERDON  y vine a darte esto"

Ella desprendio de su cuello la cruz que el le regaló hacia un tiempo, la puso en sus manos, ese era el simbolo de su amor "En esta cruz siempre me encontraras, mi cuerpo, mi mirada, mis labios, aqui en esta cruz, estoy toda yo mi amor, te amo y quiero que la conserves por el resto de tu vida"

Mientas ella le ponia la cadena, él se anegaba en llanto, la gente que pasa por el parque le veía, pero a el no le importaba, la  abrazo fuerte y lloró como nunca en su vida.

"¿Me acompañas a casa amor?"

Beto secó su llanto y la abrazó por la cintura, a paso lento y en silencio la acompañó hasta su hogar. Al llegar, ella le pidió que lo esperara afuera, el accedio y esperó, pasaron mas de quince minutos, ella no salía, de pronto se abrió la puerta, un grupo de amigos mutuos salieron de casa con el llanto en los ojos, a Beto, un escalofrio le recorrió la espalda y se llenó de miedo

"Se nos fue beto, Laura se nos fue"

Le dijo unos de sus amigos mientras lo abrazaba fuerte. Beto se soltó del abrazo y lleno de miedo corrió hacia la casa, subió los escalones hasta la recamara de Laura, su madre abrazaba el cadaver, Laura tenía el rostro muy triste, pálido, el vestido con el dibujo estaba colgado sobre una silla, su madre le dijo:
"Laura murio de tristeza, desde el día que se dejaron, ella dejo de comer, de beber, de salir, de sonrerir, su luz se apagó, anoche sufrió un infarto y un paro respiratorio, el doctor no se explica como aguanto hasta hoy"

"mi sueño" 
Pensó beto

"ella sabia que moriría, nos pedio que la entarraramos con el vetido que está sobre la silla, ese que le regalaste y te dejo esta carta"

La carta decía:

"Amor, yo tambien senti tu dolor, se que nos equivocamos, se que nuestros orgullos terminaron por matarnos, te amo mas que a la vida misma, ahora me voy, pero quedate con mi cruz, siempre que me extrañes ahi estaré, siempre por ti, te amo beto, te amo desde que te conocí  y jamas deje de hacerlo, PERDONAME por no saberte perdonar antes y TE PERDONO  por no haberme perdonado tu a mi antes, te amo en esta y en la otra vida, LAURA"

Beto cayó sobre sus rodillas, nadie lo movió jamas de ahi, en el mismo espacio, durante horas despues del sepelio, el se alejo de todos, un mes después, le encontaron mueto al igual que Laura, de tristeza, en su mano tenia una carta que decia " LAURA MI AMOR, AL FIN TE MIRARE DE NUEVO, NUESTRO AMOR ES PARA SIEMPRE"

lunes, 2 de enero de 2012

ASWANG

Mi nombre es Pedro, me llaman Peter, soy de sangre mexicana, pero nacido en tierras americanas, durante diez años pertenecí a las fuerzas especiales denominadas Navy Seals, llevando a cabo varias misiones, la mayoría de rescate, éramos un equipo de cuatro: El teniente Lou, Mark, Danny y un servidor. Ese día, la misión era descender en paracaídas hasta el corazón de la jungla Filipina y rescatar a dos colegas capturados en acción y salir, en total silencio, lo cual, de alguna manera era nuestra especialidad.

A poco más de ocho mil pies, los cuatro abandonamos el avión ocultos en la oscuridad de la madrugada el viento era helado y el sol se asomaba lento en el horizonte pintando apenas de rojo el alba, una vez abiertos los paracaídas, nos deslizábamos gentilmente en el aire, fue ahí donde tuvimos el primer encuentro con “eso”, pasó apenas a unos doscientos metros debajo de nosotros, se veía majestuoso, parecía una gigantesca manta raya negra deslizándose en el aire, su envergadura superaba fácilmente los tres metros y medio de largo, al menos un metro y medio de altura, no distinguíamos algo que hiciera las veces de cabeza, parecía un enorme murciélago, los cuatro pudimos verlo claramente, cuando de pronto descendió en picada hasta perderse en lo que quedaba de oscuridad. Llegamos a la conclusión de que era un murciélago de la fruta, aunque nadie vio la “cara de zorra”, era la única explicación lógica, ya que esa especie de murciélago suelen crecer mucho.

Una vez en tierra, decidimos no tocar el tema, la misión era mucho más importante que cualquier tema banal, preparamos el equipo, armas y balsa inflable para cruzar el rio que nos separaba de nuestro objetivo, cruzamos sin novedad y en unas horas estábamos en las inmediaciones de la improvisada prisión. El silencio era perturbador, no había guardias en la entrada, las atalayas de madera se encontraban vacías, nuestros pasos no hacían eco, los gogles térmicos confirmaron que, en efecto, estábamos solos, rompimos formación y empezamos a explorar en el campamento, las imágenes satelitales tomadas apenas días antes confirmaban gran actividad y nos sorprendió la desolación del lugar.

No encontramos nada, ni seña de actividad humana, nos adentramos un poco más en la selva buscando cualquier rastro de vida, más de veinte minutos caminamos, hasta que un grito de Mark nos puso sobre aviso: -¡Aquí hay alguien!- Corrimos y ahí estaba, a la orilla de un charco, cubierto en lodo de pies a cabeza, un nativo, tal vez un guardia de la prisión, sentado abrazando sus rodillas envuelto en un extraño silencio con los ojos cerrados y su fusil ak-47 tirado unos metros a su derecha. El teniente se acercó cauteloso y lo toco apenas con su mano derecha, el nativo abrió los ojos aterrado y empezó a gritar algo poco entendible parecía decir: “Aswang”… “Awang” la histeria lo poseía así que decidí acallarlo con un cachazo de mi SR 47 en la nuca, acto seguido, ya inconsciente, lo até de pies y manos y me lo eché sobre el hombro izquierdo, su complexión delgada y su corta estatura lo hacía pesar fácilmente menos de 50 kilos

-¿Qué quiere decir Aswang teniente?- le pregunte mientras emprendíamos de nuevo el camino, el teniente se encogió de hombros y giró su cabeza en un claro signo de negación

- No lo sé Pete, esa palabra es nueva para mí-

Danny se comunicaba mientras tanto con el Cuartel general vía teléfono satelital, Mark, apoyado en el GPS encontraba nuestra ubicación exacta para una posible extracción de emergencia. Fue informado al HQ lo encontrado en la zona del rescate y se nos dio la orden de abandonar la misión, llevarnos al Nativo para interrogarle y conocer el paradero de los colegas:

- Hay un claro a veinte kilómetros al sur de ustedes, sería un sitio ideal para la extracción-

Estuvimos los cuatro de acuerdo y empezamos a caminar hasta la zona cero, antes de dos horas estábamos listos y en posición para el “gancho del cielo” (sky hook) , nuestros globos localizadores esperaban el paso del avión fuga y con los arneses bien puestos, esperábamos el arribo del transporte.

Una extraña niebla empezó a cubrir el llano y de entre las rocas del fondo, una extraña mujer emergió caminando lentamente, su cuerpo era cubierto por una especie de toga negra, al parecer de piel, que arrastraba en el suelo impidiendo ver sus pies, lo cual le daba un aire místico, sus manos y brazos se ocultaban debajo de la prenda, veía directo al suelo mientras una breve brisa despeinó apenas sus cabellos negros larguísimos , el color pálido de su piel y su alta figura, le delataron no ser nativa, Lou se adelanto un poco a nosotros y se dirigió a ella: - Señorita, buenas tardes – Las palabras hicieron oídos sordos pero la mujer cambió su dirección sin alzar la mirada, ahora se dirigía hacia nosotros, con la misma lentitud en sus pasos.

Todos, excepto Lou, preparamos nuestros fusiles, ella se detuvo a unos metros del Teniente justo frente al grupo, yo a cinco metros a la izquierda de él, Mark a la misma distancia, pero a la derecha y Danny un par de metros detrás del líder :

-Buenas tardes-

Repitió Lou, fue cuando ella alzó la cara, su piel era más que pálida, gris, sus ojos grandes negros… ¡Totalmente negros! Al igual que sus labios, un escalofrío me recorrió la espala hasta la nuca, apunté mi fusil a su cabeza en el justo momento en que un horrible grito escapó de su boca, mostrándonos su horrible dentadura digna de la mas horrible piraña , su toga parecía tener vida propia, se abrió y mis ojos no creían lo que estaba yo viendo, esa prenda, no era otra cosa que un par de enormes alas pegadas a la espalda de la criatura su cuerpo desnudo distaba mucho al de una mujer estaba totalmente cubierta de una especie de bello grisáceo muy espeso, sus brazos demasiado largos para la complexión terminaban en garras de cinco dedos con pulgar opuesto pero de uñas en extremo afiladas.

Mi cerebro dio la orden de disparar, pero el gatillo no se inmutó, mi cuerpo estaba paralizado, pensé que era el miedo, el pánico de ver semejante criatura frente a mis ojos, pero de igual manera, ni uno de los otros se movía. El ser gritó de nuevo viendo directo al rostro del Lou y acto seguido, de un salto, avanzó los tres metros que la separaban del teniente cayendo sobre su pecho y quedándose en el mientras mordía con sádico frenesí su cuello, ambos tocaron el suelo, ella sobre de él sin soltarlo un segundo mientras arrancaba pedazos de carne y los comía, la sangre que brotaba a borbotones invadió el rostro cuasi femenino de la criatura, quien parecía disfrutar cada que desgarraba su piel. Y ahí estaba yo, mirando como mi superior y amigo era devorado por un ser que no debería existir y aun teniendo mi arma en las manos, no podía hacer absolutamente nada, la escena era surreal, horrible, las piernas del teniente temblaban, pero su cuerpo aun con un dejo de vida, jamás opuso resistencia a los embates de la sanguinaria criatura, pasaba por mi cabeza la duda de quién sería el siguiente.

Un grito a mi espalda me sacó del trance:

– ¡“Aswang”!…. ¡“Aswang”!-

El nativo había despertado y en su enorme miedo, empezó a gritar, sacudí la cabeza e inmediatamente vacié mi Arma sobre la criatura, el sonido de las balas hizo reaccionar al resto del escuadrón y los tres descargamos nuestra furia jalando sin reserva del gatillo. Pero las rondas no hicieron mella en el espantoso ser, con una increíble velocidad y fuerza, atacó a Danny y de un solo zarpazo en le hizo pedazos la cabeza, yo recargue mi arma y seguí disparando, pero antes de darme cuenta, el fusil fue derribado de mis manos, la sangre empapó el suelo y mi uniforme, no sentí dolor, pero sabía que algo no estaba bien esa era ¡mi sangre!, todo se tornó borroso, Mark seguía disparando, el sonido del avión llegando al punto de rescate, imágenes borrosas, de pronto, el silencio me invadió y la oscuridad hizo lo mismo.

Abrí los ojos pensando que todo eso había sido un horrible sueño, la peor de las pesadillas, pero la cama de hospital, el sonido del electrocardiograma y la manguera de suero en mi brazo derecho me hicieron ver que, en realidad todo había sido tan real como lo recuerdo.

El teniente Lou y Danny murieron en el acto, el avión paso justo a tiempo y nos recogió a los cinco, incluyendo al Nativo que traía atado a mis espaldas , dicen los forenses que el daño en sus cuerpos nunca lo habían visto, no saben explicar qué clase de animal pudo hacer semejante daño.

Mark no soporto, llegando a tierra tomo su calibre cuarenta y cinco y se voló la cabeza a pesar de venir físicamente intacto, dicen que solo gritaba:”La traigo dentro de mí, sáquenla, ¡sáquenla!”- No sé a qué se refería, aunque a veces siento que la criatura aun está frente a mi.

Del nativo no supe mas, dicen que nunca llegó al avión pero sé bien que lo traía atado a mí, el arnés que utilicé estaba especialmente diseñado para su uso en “tándem” es decir, para dos personas.

Yo aún sigo aquí, dicen que me he vuelto loco y me encerraron en un psiquiátrico y ahora, a más de cinco años, cada que cierro mis ojos, puedo sentir su horrible mirada, y escucho claramente sus horripilantes gritos en el silencio de la noche, he querido olvidar lo sucedido, me han medicado para que olvide, pero a diario recuerdo lo que sucedió, basta con sentir la ausencia de mi brazo izquierdo amputado desde el hombro para saber que lo sucedió fue tan real que me dejó lisiado por el resto de mi vida.

Aswang ¿Qué demonios eres?..........

jueves, 29 de diciembre de 2011

JUNIOR

Junior veía cautivado el pendiente brilloso que colgaba de su mano, sus ojos se perdían en el ir y venir del objeto causado por el más mínimo movimiento de su diestra.  No sabía qué clase de cristal era: diamante, brillante, simple vidrio, eso era totalmente intrascendente, lo único que le importaba era su brillo, ese destello que de vez en vez se tornaba en los colores del arcoiris, amaba los colores y las cosas brillosas.

Su boca, siempre medio abierta, babeaba de manera copiosa, cualquiera podría atribuirlo al nivel de enajenación en se encontraba, lo cierto era que el principal responsable tanto de sus babas, como de su retraimiento, su total falta de sentido del bien y el mal, además de sus balbuceos por palabras y esa extraña mirada que en ocasiones daba escalofríos, era un marcado y agudo retraso mental, a sus doce años, su comportamiento era muy similar al de un pequeño de cuatro o cinco años.

Su madre, una prostituta de mediana reputación, decidió no tratarlo esperando que muriera pronto, para su mala fortuna, la vida del pequeño se había prolongado ya hasta la pre adolescencia a pesar del descuido, la mala alimentación y el maltrato del que era objeto casi a diario.

Los golpes que le propinaba a puños el amante en turno de su madre, la incontable cantidad de cigarrillos apagados en un tierna piel, los gritos de odio, eran olvidados rápidamente a pesar de las cicatrices y el sabor a sangre en la boca, la memoria de junior no le permitía recordar lo sucedido más allá de unas  horas o, en el mejor de los casos, uno o dos días.

El muchacho se veía siempre feliz a pesar de estar recluido en un rincón, el tobillo derecho atado con una cuerda a la pata de una pesada mesa, le impedía ir más allá de unos metros de la esquina que él consideraba su espacio personal. Vestido siempre en ropa interior, camiseta y calzoncillos que alguna vez fueron blancos, siempre sucio por la falta de atención, lo bañaban una vez a la semana, si tenía suerte.

El juguete más preciado de Junior era una pelota de hule espuma atada a una cuerda elástica con la cual se entretenía por horas arrojándola contra la pared.

Esa noche, su madre tenía compañía y a pesar de lo alto de la música, el “Romeo” se quejó del golpeteo de la bola en la pared, la mujer, furiosa, le arrebató el juguete y lo arrojó por la ventana. Junior quiso llorar pero justo en ese momento la mujer lo tomó de los hombros y le gritó al rostro mil ofensas que él jamás entendería, fue cuando  sus ojos se clavaron en los pendientes de la mujer, el brillo de las piedras blancas lo hipnotizó, los destellos multicolores que escapaban cuando su madre se movía le hicieron sonreír.

-¡Deberías morir de una buena vez loco!-

Junior no le escuchó, la ansiedad de tener ese lindo brillo entre sus manos le hizo estirar su brazo derecho en afán de tocar esa pequeña estrella que pendía de los orejas de su madre. Si, ese destello le recordaba las luces que tupían el negro del cielo por las noches, tenía que tocar con sus manos ese pequeño milagro de luz, un fuerte empellón lo alejó bruscamente de su objetivo, el pequeño golpeo fuerte contra la pared de madera y cayó sentado pesadamente en el suelo.

-¡Aléjate de mí,  Estúpido!- Gritó la mala madre.

A pesar del fuerte golpe, él no lloró, sus ojos seguían clavados en los destellos coloridos de los aretes. La mujer se dio la media vuelta y abrazó a su amigo ocasional sin importarle en absoluto la presencia de su hijo. Las cosas subieron de tono entre los amantes, mientras Junior trataba de seguir el brillo de los pendientes con los ojos, el sujeto se dio cuenta que el joven no dejaba de verles, se alejó del abrazo, se aproximó al rincón, solo a unos centímetros del rostro del muchacho, el vaho apestoso a cigarrillo y alcohol llegó acompañado de unas palabras en tono de pocos amigos:

-¿Qué ves morboso? ¿Quieres ver como se lo hago a la perra de tu madre? –

Las palabras en él no significaban nada, lo que le molestó fue que el sujeto le impedía ver el destellos de los aretes, desesperado, empezó a llorar lo cual no fue tolerado por su papá en turno, de un revés de derecha entintó los labios del pequeño en rojo, acto seguido, del bolsillo trasero de sus vaqueros azules, sacó una navaja plegable la que abrió con un solo y diestro movimiento, puso las más de siete pulgadas sobre la mejilla de su víctima:

-¿Y si te corto la lengua?-

Sin afán de salvar la vida de su hijo, la mujer abrazo desde atrás al tipo:

-Ya deja al idiota y vamos a la recámara, hazme tuya papi-

El filo de la navaja recorrió el rostro del muchacho dejando a su paso un delgado hilo escarlata y una herida superficial en la piel, acto seguido, tomó la navaja y la clavó con fuerza a unos centímetros del rostro asustado. El pequeño se sacudió tanto por la impresión como por el fuerte sonido del golpe.

-¡Cobarde!-

Cargó a la mujer entre sus brazos y  se dirigieron a la recámara.

Sentado en su rincón, en el suelo, en ese espacio hediondo entre restos de comida putrefactos, orina y baba. Se perdió en sí mismo mirando a la nada durante una hora, tal vez un poco más, los sonidos que escapaban de la habitación no existían en su mundo lejano al nuestro. De pronto, algo lo sacó del trance, ¿Un ojo mirándole?, se sorprendió, su curiosidad era in mensa así que volvió a buscar ese ojo que salía de la nada, ahora lo que vio fue una boca, dientes chuecos y algo de sangre en los labios. Bajó un poco la mirada y volteó de nuevo y ahí estaban de nuevo los ojos clavados en los suyo, era su propio reflejo escapaba de la navaja aún clavada en la pared, tomó el arma por el filo para desprenderla de pared, al tirar de ella, se corto levemente los dedos, se llevó rápidamente la diestra a la boca por instinto y mientras chupaba la herida, molesto, dio un puntapié a la cacha lo cual fue suficiente para desprenderla de su prisión. Una sonrisa le iluminó el rostro, aplaudió solo un par de veces y con cuidado levantó su nuevo juguete del suelo. Fueron más de quince minutos los que, divertido, se vio en la brillante hoja de metal, maravillado de ver cómo, cuando movía su mano, la forma de su rostro cambiaba en el reflejo.

Inocente quiso mostrar a su madre su nuevo descubrimiento, se puso en pié y corrió hacia donde ella dormía exhausta de su reciente actividad física, fueron solo tres pasos los que alcanzó a librar, la cuerda que ataba su tobillo se manifestó causándole una aparatosa caída durante la cual, la navaja escapó de sus manos deslizándose por el suelo a un par de metros más allá del margen de tolerancia de la cuerda. Por más que se estiró, la distancia entre sus dedos y el arma no se acortaba. Lo intentó de nuevo una y otra vez, la cuerda de su tobillo empezó a resbalar por el abundante sudor que le cubría y por la posición casi recta en que tenia la articulación, en unos minutos y sin proponérselo, era libre, sin tomar eso en cuenta, tomó el arma blanca entre sus manos y continuó su camino a la habitación.

A pesar de que la puerta estaba abierta, Junior se detuvo en el marco de entrar como si un campo de fuerza invisible le marcase el alto, el interior a media luz, siempre le había intimidado, tal vez  por el recuerdo de sus primeras golpizas. El cada vez más familiar hedor a ron y tabaco le causaba una sensación de temor , se paró cuan largo era  tratando de distinguir la silueta femenina recostada, en un intento de ver más allá recurrió a sus puntas y estiró el cuello mientras abría al máximo los ojos.  A paso muy lento se adentró hasta estar cerca de la cama, miró la navaja en sus manos y sonrió de pensar que su mamá gustaría de su juguete nuevo, quiso  sorprenderle y saltó sobre el colchón, olvidó que ella no estaba sola. 

Junior fue  a caer con todo su peso sobre el estomago del tipo que dormía plácidamente. Al sentir las rodillas clavarse sobre su zona blanda, despertó en el acto, con los ojos desorbitados y  gritando maldiciones  como un  loco, el miedo invadió a Junior quien en un acto totalmente reflejo, clavó con fuerza la filosa navaja en el cuello del fulano cercenando de un tajo la Yugular. La sangre escapaba a borbotones y en cuestión de segundos, el cuerpo sin vida del tipo quedó tendido en la King size en medio de un charco de su propia sangre.

Temeroso, Junior tocó el rostro del cadáver, al no ver respuesta y en un acto sin precedente, empezó a golpear con el puño cerrado el cuerpo sin vida, una y otra vez repitió la operación mientras una extraña sonrisa se dibujaba en su rostro.

La mujer seguía dormida, tal vez por el cansancio o por el exceso de alcohol combinado con pastillas psicotrópicas, el joven la miró con ternura, después de todo el instinto de hijo existe al igual que el de madre, aunque ella parecía empeñarse en negarlo. El arete le llamó de nuevo la atención

-“Que lindo”- pensó en su idioma incomprensible

Rozó con sus dedos la pieza, la tomó en un puño y sin un ápice de delicadeza, tiró fuerte de ella rasgando el lóbulo en el mismo movimiento, el dolor despertó a la mujer en un horrendo grito rompió el silencio profundo de la madrugada. Junior aterrado, escuchó como le gritaba cualquier cantidad de improperios, en un intento desesperado por hacerla callar, de un movimiento extrajo el arma del cuello del sujeto y la clavo en la misma zona ahora en el cuerpo de su madre, quien atónita apenas descubría el cadáver de su amante, quiso golpear a su hijo pero para ella era ya demasiado tarde, su cuerpo ya sin vida cayó pesadamente sobre el del tipo mientras la sangre escurría sobre  por ambos cuerpos.

Junior veía el pendiente que ahora colgaba de su mano, los rayos del sol naciente que se colaban por la ventana, se convertían en lindos colores una vez atravesaban la pieza . El muchacho sentado en el centro de la cama, en medio de un charco de baba, orina y sangre, los cadáveres a su lado, eso no le importaba, solo los colores, los lindos colores que escapan de la piedra  son importantes.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Cinco minutos antes

El solitario campanazo del Viejo reloj de pared delató los treinta minutos de retraso del relevo, Daniel miró su reloj de pulso molesto “las once treinta” pensó para sí mientras daba vueltas en la pequeña habitación que hacía las veces de recepción del solitario hotel de quinta donde trabaja hacía apenas un par de meses.

Quince minutos más tarde arribó el anciano que le supliría, lejos de disculparse le vio de mala gana:


-¿Qué te pasa? ¿Tienes prisa?-

El joven solamente negó con la cabeza, mientras un gesto de desaprobación se dibujaba en su rostro.

-No se me hace justo Don Mario, siempre llega tarde, son ya las once y media de la noche y aún tengo que caminar a casa, además, está a punto de llover-

-Ese es tú problema muchacho, si no te gusta renuncia, hay mil personas que necesitan el trabajo-

Acto seguido, el viejo se dejó caer pesadamente sobre el sofá detrás del mostrador

-No rentaste nada en todo el día y aun así te pones como loco Daniel-

Enfurecido, el joven se atravesó al pecho el morral negro que siempre llevaba consigo, se puso su impermeable del mismo color, subió la caperuza de la prenda a la cabeza y sin despedirse salió del lugar.

Cruzar la carretera no fue difícil, a esa hora el tráfico era prácticamente nulo, a excepción de los fines de semana, el viento helado golpeaba su rostro mientras las primeras gotas empezaban a caer del cielo, aun tenía que caminar casi quince minutos para llegar a su casa, cinco de ellos en la orilla de la carretera, después sus pasos lo llevarían al interior del pequeño poblado, las calles perfectamente pavimentadas y alumbradas hacían su caminar por demás cómodo, más allá de los delincuentes que a veces deseaban adjudicarse sus pertenencias de la manera más fácil posible, no tenía nada mas de que preocuparse. Su uno ochenta y cinco de estatura, su fuerza, además de sus conocimientos en artes marciales, le daban la confianza suficiente para andar en las calles a esa hora, el miedo nunca fue factor en su vida.

Las luces de un auto le cegaron un segundo, bajó de la carretera y entró a la tienda de autoservicio ubicada en la estación de gasolina, como de costumbre, tomó un vaso de chocolate caliente y siguió su camino. La lluvia empezó a arreciar, más eso no hizo mella en su paso firme, fue devorando de a poco las calles, hasta llegar a la única zona que le ponía atentos los sentidos, una calle larguísima, totalmente oscura, de un lado: un enorme terreno baldío, del otro: unos viejos almacenes abandonados. Sacó de su morral una pequeña lámpara de L.E.D. s en el acto, la luz cortó la densa noche e hizo evidente la copiosa lluvia.

Con los sentidos alerta, avanzaba a paso un poco más rápido de lo normal, era por demás sencillo que algún delincuente aprovechara tanto la oscuridad, como los múltiples obstáculos, basura, para intentar sorprenderle y asaltarle o golpearle. Al distinguir la luz encendida al final de la cuadra se relajó un poco, la luz significaba que el velatorio estaba abierto, desgraciadamente, significaba también que alguien había fallecido. Fue raro no ver autos estacionados en las afueras del lugar, seguro era una persona poco conocida.

Conforme se fue acercando, notó que no había nadie fuera del lugar, obvió que la lluvia les había obligado a refugiarse dentro del edificio, una vez que llegó a la esquina, algo raro tocó su pecho y en vez de pasar de largo como siempre, decidió detenerse a observar si había gente dentro del recinto, ¡Nadie! Abrazado por la curiosidad, subió los doce escalones que separaban la banqueta del recibidor y asomó la cabeza, solo un silencio sepulcral le dio la bienvenida. Una extraña curiosidad le invadió, él mismo sabía que eso no era normal en él, nunca fue curioso y menos en asuntos que no le interesaban.

Una vez dentro del velatorio, sacudió las gotas que se negaban a caer de su impermeable, bajó la caperuza de la prenda, en un acto reflejo se pasó la mano por la cabeza y avanzó a la capilla.

El lugar se veía solo, un casquete negro varios metros frente a él daba testimonio de que, efectivamente, alguien había perdido la vida, los sirios recién encendido delataban que alguien tenía que estar ahí, caminó lentamente hacía donde el solitario ataúd descansaba, por alguna razón, sentía que sus pasos no avanzaban, notó que sobre la caja no había flores, crucifijo ni fotografía. Un casi silente llanto llamó su atención, una mujer sumida hasta el fondo en la primera banca lloraba sin consuelo, Daniel quiso acercarse, le nació abrazar a la desconocida y darle consuelo, pero algo le impidió hacerlo, simplemente se quedó parado, mirándola, sin que ella se percatara de eso, los minutos pasaron, él perdió la noción del tiempo hasta que una monja vestida totalmente en blanco entró al recinto, la presencia le sacó del trance, la madre se aproximó al joven y una voz muy baja se dirigió a él:

-¿Qué haces aquí Daniel? Este no es tu lugar, por favor sígueme-

Un escalofrío le recorrió la espalda desde la nuca, no conocía a la monja y ella no tenía porque saber su nombre, aun así, siguió su paso sin chistar, pasaron frente a la mujer que lloraba cuando la madre, solo con un ademán de su diestra le pidió que no la molestara, Daniel entendió de inmediato la seña y siguió caminando hasta donde una gruesa cortina café separaba la capilla de una oficina, la mujer tomó asiento detrás del enorme escritorio de madera negra y pidió al joven que hiciera lo mismo frente a ella en una de las dos enormes sillas forradas en piel. La mujer respiró profundo.

-A Ver mi querido Daniel ¿Qué haces aquí?-

Muy confundido, el joven respondió:

-Recién salí del trabajo, salgo a las once, trabajo en un hotel del otro lado de la carretera y vivo a un par de calles de aquí, esta ha sido mi ruta diaria por los últimos meses, me llamó la atención ver encendidas las luces pero a nadie presente en el lugar, nunca antes había entrado aquí, ¿Cómo sabe mi nombre?-

La mujer no respondió, abrió un cajón del escritorio, rascó su cabeza y le miró a los ojos

-¿Sabes qué día es hoy?

-Diez de Julio madre-

-No Daniel, hoy es apenas día nueve de Julio-

-Madre, ¿Cuál es la diferencia? Un día más un día menos, estamos a unos minutos de que el reloj marque las doce y entonces, si será ya día diez-

La mujer se puso en pie, dio la vuelta, puso ambas manos en su espalda y empezó a caminar lentamente en círculos detrás del lujoso escritorio.

Daniel decidió que ya era tarde así que se incorporó:

-Bueno madre, ya es tarde, tengo mucho por hacer mañana, quedé de pasar por mi novia para desayunar, ¡Le pediré matrimonio! Si dice que sí, nos casamos muy pronto-

Su rostro se iluminó de pensarse al fin desposado de su novia de casi dos años.

-¡Espera muchacho! , dame solo uno segundos, ¿Sí? ¿Quieres que te explique qué haces aquí?

Dominado por la duda, Daniel tomó asiento de nuevo mientras la mujer empezó a hablar:

-¿Recuerdas a la mujer de la capilla? Está muy triste porque acaba de perder lo más preciado, no se dio cuenta de ello hasta este momento, si notaste, no tenía ojos para nosotros, solo para llorar, no nos vio, ni siquiera se percato de nuestra presencia.

-¿Perdió a un familiar?-

-Así es muchacho, perdió a una persona muy cercana y ahora se arrepiente de tantas cosas que no hizo con ella, tanto tiempo que estuvo distante a pesar de lo cercanas que eran, tantas veces que prefirió irse con otras personas dejando sola a quien ahora llora, está muy arrepentida porque, a pesar de tantos años juntas, jamás le dijo “te quiero”, no la abrazó ni se preocupó por ella, siempre eran más importantes otras personas, otras cosas, ahora que es demasiado tarde, ella llora por todo lo que no hizo cuando tenía la oportunidad, el llanto le ayudará a limpiar el alma, ha llorado todo el día y ya es casi el momento que deje de hacerlo-

-¿Fue su madre a quién perdió?-

-No Daniel, perdió lo más importante que puede tener un ser humano, esa persona en la que nunca piensas, que no cuidas, no hablas con ella, esa persona que sientes por demás segura, que crees que siempre estará ahí a pesar de lo que hagas o digas, a esa persona a quien lastimas siempre y nunca te reclama, a esa a la que nunca le pides perdón por malo que seas con ella-

El “bip bip” del reloj de Daniel les interrumpió, la monja sonrió algo triste y con un ademán le pidió se pusiera en pie, el joven obedeció sin dudar.

-Madre ¿A quien perdió la muchacha? ¿Me lo dirá?-

-Si Daniel, lo sabrás en un momento, sígueme-

Así lo hizo, ambos regresaron sus pasos a través de la cortina café. De nuevo en la capilla, notó de inmediato la ausencia de la chica que lloraba, el casquete ahora era gris y flores en abundancia lo cubrían. La monja se detuvo frente al ataúd miró al joven a los ojos y en un tono muy serio se dirigió a él:

-Daniel Gutiérrez Sánchez, hoy 10 de Julio, has perdido lo más valioso que puede tener un ser humano, has perdido a la persona más importante en tu vida, esa persona que siempre estuvo contigo, esa que nunca te reclamó nada, esa persona que, cuando tus desamores te hacían cometer tonterías, cuando tu cuerpo deseaba detenerse, siempre estuvo ahí aunque nunca lo tomaste en cuenta, nunca le diste importancia, diste su existencia por sentada y ahora esa persona ya no está aquí. ¡Daniel acércate y mira a quien has perdido!-

El joven se acercó temeroso de que fuera uno de sus grandes amigos, o uno de sus padres, pero lo que más temía es que fuera su novia amada, con miedo se asomó al interior del ataúd, sus ojos se anegaron en llanto mientras la monja continuaba:

- Daniel Gutiérrez Sánchez, hoy diez de Julio has perdido a Daniel Gutiérrez Sánchez, tu ser mismo-

Mientras las palabras de la mujer invadían el recinto, él se veía a sí mismo postrado dentro del cajón, un flashazo le llegó a la cabeza: Caminando por la carretera, justo antes de bajar a la gasolinera, un carro, le cegó con sus luces, el vehículo iba fuera de control, todo fue demasiado rápido, en segundos su cuerpo yacía tendido en suelo mientras su alma, sin percatarse de lo sucedido siguió su camino hasta el lugar indicado.

No pudo evitarlo, cayó sobre sus rodillas sin poder creer que sus días habían llegado a su fin:

-Daniel, tienes todo el día para llorar, pedirte perdón a ti mismo, reconcíliate con tu alma, para tu cuerpo es demasiado tarde, despídete de él y da gracias porque, a diferencia de la chica de ayer, a ti si te vinieron a llorar. ¿Ves las flores sobre tu ataúd? Son las que tus amigos te han dejado, aun faltan muchas por llegar. Llora muchacho, llora todo lo que puedas y arrepiéntete de lo que tengas que arrepentirte, no hay vuelta atrás, hasta aquí llegó tu vida, lo que sigue será en su momento. Mi trabajo está hecho muchacho adiós-

La monja salió por la misma puerta por la que llegó al principio, Daniel quedó sentado en la banca, confundido, llorando, sabiendo que no podría despedirse de sus padres, de sus amigos, del amor de su vida, se casarían pronto.
Se abrazó fuerte a sí mismo, su llanto se hizo aun más intenso y solo alcanzó a balbucear:
-Perdóname Daniel, nunca te di el tiempo ni el amor que me pedías, que merecías, ¡Te quiero Daniel, te quiero!-...

LA DAMA DE BLANCO

¿Quién no ha escuchado las leyendas populares? Todos en algún momento hemos, de alguna manera, tenido contacto con ellas, a veces contadas por los abuelos, a veces contadas de manera fantástica en algún libro. A pesar de que no se toman con la seriedad pertinente, deberíamos detenernos a pensar un momento, que tal vez sea un dejo de verdad lo que las mantiene vivas generación tras generación a pesar del tiempo.

Esa noche de plenilunio, Isaac, uno de mis mejores amigos, nos desafió a ir al camposanto del pueblo a robarnos los arreglos florales que seguramente adornaban la tumba de la recién fallecida Eva Mirón, una anciana solitaria que se había ganado el temor del pueblo entero gracias al hermetismo con que vivió. Nunca salía de casa, más allá del patio. Nadie sabía desde cuando vivía en esa enorme casona, siempre se le veía a través de las ventanas, vestida con un vestido de época, guantes y un gran sombrero, todo en blanco inmaculado. Jamás intercambió cortesías con nadie, siempre sola, siempre envuelta en misterio, mil historias fueron creciendo a su alrededor, al grado de hacer de ella toda una leyenda:

“Hay de aquel que mire el rostro de la mujer de blanco, tendrá los segundos contados, te chupa la vida por los ojos, sus cientos de años te caerán encima como una pesada losa que dejara tu cuerpo sin alma y en los huesos”


Sonreí al recordar las palabras de mi abuelo. La anciana nunca nos dio motivo para creer todo lo que se decía de ella, si bien pensábamos tomar por asalto sus aposentos luctuosos, no era con afán de venganza o de hacer algún tipo de daño, era solamente un desafío, una travesura de un grupo de veinteañeros sin nada mejor que hacer en una noche de viernes.

Salimos de casa: Isaac, Roberto, Julián, Pedro y yo, fue Jacqueline la única mujer que se prestó a nuestro juego estúpido. Era poco antes de las once de la noche cuando los seis abordamos mi auto, en cuestión de minutos aparcábamos en las afueras del panteón. No fue necesario saltar la reja, las puertas siempre estaban abiertas, la ausencia de un guardia era más que evidente. Muchas tumbas se perdían en lo alto de la hierba, solo aquellas con grandes losas sobresalían reflejando la luz de la luna llena en el blanco del granito grabado.

Nos tomó un rato darnos cuenta de que buscábamos en el área equivocada del panteón, entre risas y cuchicheos corregimos el rumbo.

-¡Ahí está!-
El índice de Isaac señalaba hacia el sur.

Imponente, sobre una colina, se alzaba un mausoleo que incluso a la distancia se veía enorme, un par de columnas, más decorativas que utilitarias daban la bienvenida, ocultando dentro de sí, el par de grandes puertas negras de madera que contrastaban con el blanco del resto del edificio. Isaac y Julián empujaron las puertas mientras el resto de nosotros esperábamos a unos metros, una vez abiertas de par en par, los hermanos nos invitaron a pasar con solo un movimiento de la diestra.

Los seis entramos decididos a continuar la travesura, después de todo, ya estábamos ahí. El interior era aún más impresionante que la fachada, paredes y pisos en mármol blanco, fácilmente alcanzaba los cien metros cuadrados de superficie, justo en el centro del recinto se levantaba una especie de altar sobre el cuál descansaba el cadáver de la tan temida mujer, sin ataúd, solamente vestida con su inseparable vestido blanco, las manos cruzadas sobre su pecho, detenían el tan famoso sombrero blanco sobre el plexo solar. Un tragaluz de cristal dejaba entrar la luz lunar en su máximo esplendor, la cual parecía bañar el cuerpo sin vida. Al menos cuatro docenas de azucenas a los pies de de la mujer, eran el único adorno. Su cabeza cubierta con un velo de tul blanco que, a pesar de su delgadez, impedía distinguir las facciones del rostro.

Un escalofrío me recorrió la espalda desde la nunca, quise detener todo, salir cuanto antes del lugar y dar por finalizado ese juego estúpido. Alberto se apresuró y sin dudar, tomó todas las flores.

-¡Listo! ¡Vámonos de aquí!-

Acto seguido, salió corriendo. Respiré aliviado los larguísimos segundos habían llegado a su fin, para mi mala fortuna, Jaquie descubrió algo que la ausencia de las flores dejó al descubierto, ¡Una placa! La luz lunar no era suficiente para alcanzar a leer lo que decía así que, armándome de valor, usé el flash de mi móvil para alumbrar y alcanzar a leer la inscripción:

“Aquí descansa la Señorita Eva María Mirón, hija de Don Mario Mirón Monseñor terrateniente de la zona sur suroeste, descanse en paz, 15 de febrero de 1775 – 15 de Enero de 1805”

-Seguro hay un error en la inscripción ¿No creen?

Pedro, el más curioso del grupo, propuso ver el rostro del cadáver y así salir de cualquier duda, para cuando mis labios gritaron “no” era ya demasiado tarde, con un rápido movimiento retiró el velo. Invadido por el miedo y en un acto reflejo, cerré los ojos y voltee el rostro deseando no ver lo que el pedazo de tela ocultaba.

Fueron tan solo unos segundos de tenso silencio, el corazón latía a su máxima capacidad, la voz de Isaac rompió el silencio:

-¡Miren muchachos! ¡Esto es increíble!-

Respiré profundo, abrasé a Jaquie fuerte por la espalda y juntos nos acercamos a donde el resto del grupo ya nos esperaba sin quitar los ojos de cuerpo.

Ahí estaba el cráneo descarnado de la mujer, no parecía tener menos de diez años en ese estado, solo unos cuantos largos cabellos blancos se negaban a desprenderse de él, las cuencas vacías de los ojos parecían buscar los míos, recordé las palabras de mi abuelo y me negué a ver directamente ese espacio hueco.

-Es imposible, tiene menos de tres días muerta, no puede estar en ese estado de descomposición-

Julián me interrumpió:

-Eso explica la placa, esta momia tiene cientos de años aquí, nos equivocamos de tumba, esa es la única explicación-

-Pero el nombre si empata hermano, las flores frescas, ¡El vestido!, tiene que ser ella. Algo no está bien aquí-

Entre la confusión que la situación implicaba, yo solo deseaba salir de ahí lo antes posible, pensé en correr lejos, en eso, un aire frío invadió el ambiente al grado que el vaho de nuestra respiración se hacía claramente visible, las pesadas puertas se cerraron de golpe provocando un estruendo ensordecedor que nos cimbró a todos, en ese instante, Pedro cayó como fulminado por un rayo, Jaquie se abrazó fuerte a mi pecho dando la espalda a donde los hermanos trataban de resucitar al caído. Unos minutos después, decidieron detenerse.

-Fue un infarto fulminante- Aseguró Isaac respaldado en los años de experiencia que tenía sirviendo como paramédico.

Nos reunimos, tratando de no llorar por el deceso de nuestro buen amigo, fue entonces que recordamos la ausencia de Beto, lo buscamos con la mirada dentro del recinto, la búsqueda no rindió frutos.

-¿Tienen idea de donde está Beto?- cuestionó algo molesto Julián

Todos sabíamos que había salido corriendo con las flores entre los brazos, más después de eso, no teníamos idea de donde estaba, nuestras vidas estaban cambiando drásticamente, Pedro había muerto y de Roberto no sabíamos nada. Apreté fuerte a Jaquie, más que para confortarla, lo hice para sentirme seguro, los hermanos hicieron lo mismo y así permanecimos un par de minutos inmersos en un fuerte abrazo grupal.

-¡Tenemos que salir de aquí!-

Los tres intercambiaron miradas y asintieron con la cabeza, planeamos derribar las puertas a golpes, antes de hacerlo, cubrí el rostro de Pedro con mi sudadera y procedimos.

Los golpes secos de nuestros hombros no hacían mella en las puertas y la desesperación se hizo presente, de pronto, un escalofrío me recorrió la espalda al sentir una mirada penetrante sobre nosotros, decidí no decir nada pero fue obvio que todos sentimos lo mismo, los cuatro volteamos al mismo tiempo sin ponernos de acuerdo. Todo se veía tal y como lo habíamos dejado, solo un detalle, un tétrico e inexplicable detalle, el sombrero de la mujer no estaba más sobre su vientre, ahora descansaba en el suelo a unos metros de nosotros.

Bajé la cabeza de nuevo y cerré los ojos queriendo recordar las oraciones que me enseñara mi madre desde niño, apenas y balbuceaba los pedazos que me venían a la mente, el miedo me hacía temblar como nunca.

-¡Basta!- Me interrumpió Isaac – ¡Deja ya de rezar, eso no nos servirá de nada!-

-Seguro esto es una broma de Alberto, ¡Beto, sal de tu escondite!, vamos Beto ya le costaste la vida a Pedro ¿Qué más quieres?-

-Tranquilo Isaac, primero hay que salir de aquí, después averiguamos que es lo que pasa-

La voz femenina rompiendo el silencio de la bóveda lo tranquilizó un poco. El total silencio nos invadió durante unos minutos, de pronto, algo pequeño, blanco, parecía flotar frente a mí, intenté tomarlo con mi diestra, pero la apenas perceptible ráfaga de aire provocada por mi movimiento, lo acercó a Jaquie, ella tomó en sus manos el pequeño objeto desconocido, lo acercó a su nariz y respiro profundo

-Es un pedacito de azucena, pareciera que alguien cortó un pedazo muy pequeño y…-

Antes que terminara de hablar, otro pedazo caía y después otro y otro, en unos segundos, estábamos envueltos en una lluvia blanca de pétalos que, de alguna manera, se sostenían flotando entre nosotros, por un momento, olvidamos todos el miedo, la sensación era indescriptible, paz, armonía, no sé. Por primera vez desde lo de Pedro, el grupo se separó, todos estábamos como hipnotizados disfrutando, ¡Sí!, disfrutando la “nevada de azucenas” que parecía bailar en torno a nosotros.

Un grito de Jaquie nos sacó del trance, se derrumbó sobre sus rodillas, con la diestra temblando, señaló al tragaluz, mientras la izquierda cubría sus labios.

Ahorcado con su propio cinturón, el cuerpo de Alberto colgaba del tragaluz, se balanceaba mecido por un viento inexistente, de sus manos se desprendían los pedazos de flor que minutos antes nos invadían y ahora, de a poco, cesaban de caer. Preguntarse cómo había llegado ahí era ya intrascendente, sin duda algo extraño se manifestaba ante notros, teníamos que salir de ahí lo antes posible.

Sentada en el frio suelo, Jaquie abrazaba sus rodillas, no dejaba de mecerse de atrás a hacia enfrente, estaba totalmente en shock

-Todos moriremos- Repetía sin cesar.

Los hermanos intercambiaron miradas, sus ojos se veían extraños, llenos de una furia que yo desconocía, sin mediar palabra, se liaron a golpes como cualquier par de desconocidos, el odio se sentía en el ambiente, quise separarlos, no había razón para tal disputa, fue entonces que hicieron equipo, ¡En mi contra! Un derechazo en el mentón me hizo perder la vertical, una vez en el suelo, ambos me cayeron encima en una implacable lluvia de puntapiés, el sabor a sangre se hizo presente en mi boca, mis ojos se nublaron, los hermanos continuaron con la brutal golpiza a pesar de que sangraba copiosamente, se detuvieron solo cuando dejé de moverme, creo que me dieron por muerto. Quedé ahí tendido sobre mi costado derecho en un charco de mi propia sangre, a un par de metros de donde el sombrero descansaba en el suelo.

A pesar de la severidad de la agresión, no quedé del todo inconsciente, a la distancia podía ver como los hermanos continuaron con su disputa, una sola palabra no se escuchó, solo el seco sonido de los golpes interrumpía el silencio, un fuerte golpe en la cabeza derribo a Julián, de inmediato, Isaac extrajo de la bolsa trasera de sus vaqueros, una navaja plegable, la abrió de un solo movimiento y sin el más mínimo indicio de compasión, de piedad, de amor fraterno, la clavó una y otra vez en el pecho de su hermano, arrebatándole la vida en el acto, después, sin pensarlo siquiera, clavó el arma en su estomago varias veces, su rostro libre de gesto alguno, siguió apuñalándose hasta que su cuerpo sin vida cayó sobre el de hermano.

A la distancia, Jaquie, seguía meciéndose, en shock, no se dio por enterada de lo recién sucedido y mucho menos de la brutal agresión en mi contra.

Intentaba no caer desmayado, trataba de moverme, cuando la temperatura bajó drásticamente, pude sentir de nuevo la misma mirada en mi espalda, esa fuerte mirada que unos minutos atrás nos hiciera voltear a todos. El eco de tacones rompió el silencio, los pasos se detuvieron a un par de metros de mi cabeza, una mano cubierta en un guante blanco, tomó el sombrero del suelo, los pasos se alejaron poco a poco, a lo lejos podía ver a Jaquie, ella no se daba cuenta de lo que sucedía, el vaivén del vestido se interpuso entre mi mirada y la mujer a la que amé en silencio durante tantos años, quise gritar, quitar a mi niña del paso de esa cosa que, sin duda se dirigía a ella. Al fin pude distinguir la silueta completa

¡Era la mujer de blanco!

-¡Jaquie!- Grité en mi mente, mientras la mujer se detenía a centímetros de mi amada, se agachó hasta que su cráneo descarnado cubierto solo por el sombrero, quedó justo frente al lindo rostro de mi nenita, sus ojos verdes se abrieron asustados, una fuerte luz me cegó y un grito sordo invadió el lugar.

Mi cuerpo no dio más, al fin colapsó, mis ojos ya no veían nada, a lo lejos escuché de nuevo el eco de ese caminar maldito que se acercaba a mí, una voz femenina se clavó en mí oído a manera de susurro:

-¡Vivirás!, Tú vivirás y contarás lo sucedido está noche, así como los viejos te hablaban de mí, tu harás lo mismo con los que te siguen, tu seguirás mi leyenda y así, por miedo, nadie olvidará quien soy. Soy fría como el hielo, eterna como el tiempo he inmortal como esta leyenda-

Después, la oscuridad y el silencio.