Sus ojos azules se abrieron de pronto, No lograba recordar cómo llegó a casa, cerró
los ojos, aspiró profundo y se sentó a la orilla de la cama, flashazos llegaban
a su cabeza: él con su familia, su graduación de la universidad, el día de su boda,
de pronto, fuego, una explosión.
Sacudió la cabeza queriendo acomodar las ideas: “¿Qué pasó?” se preguntaba, aspiró
profundo, un extraño sonido escapó de sus pulmones, no lo tomó en cuenta, giró
la cabeza para tronar el cuello y liberar así algo de estrés, de nuevo, un
zumbido escapó ahora de sus articulaciones.
Un pequeño esfuerzo y la memoria empezó a aclararse, Dr. Liam Rigth, especialista en
cibernética, creador del androide
RV-10, más que cualquier robot, su
invento tendría la función de almacenar en una tarjeta digital toda la
información del cerebro humano incluyendo recuerdos, hábitos y personalidad, la
finalidad del proyecto era, una vez concluido,
dar vida más allá de la muerte a las personas con los medios para pagar
semejante tecnología. Aún había mil detalles pero lo más probable es que en un
par de años podrían hacer las primeras
pruebas.
“Tanto trabajo”, pensó para sí, de nuevo aspiró profundo y
abrió los ojos, ya ubicado en quién era, desconoció de inmediato la habitación,
nada que ver con las paredes blancas y los ventanales a los que estaba
acostumbrado, por el contrario, la recámara era
oscura, sin ventanas, la cama sobre la que estaba parecía más bien
camilla de hospital, individual, metálica. Recorrió con la mirada el lugar “¿Estoy en un hospital?” “¿Qué me pasó?”, nada había en el lugar
más allá de la cama, un tenue luz que le
iluminaba y un extraño aparato con muchas luces de distintos colores, que
emitía un “beep” de vez en vez.
La confusión le hizo presa y por un segundo se
sintió desesperado, quiso salir corriendo, pero su raciocinio fue más grande que el instinto, bajó la
cabeza queriendo recordar lo sucedido la noche anterior, pasó la palma de su diestra desde su frente hasta la barbilla, ahí notó que algo no
andaba bien, repitió la operación su
piel se sentía rara, fría, sin vida,
puso su mano frente a sus ojos , no dio crédito a lo que veía, una mano blanca de plástico con
articulaciones metálicas se movía frente a él , abrió los ojos al máximo, puso
ambas manos frente a sus ojos, la misma historia, exploró su cuerpo, todo era
plástico con las articulaciones en metal. Cuando más confundido estaba, una
puerta casi imperceptible a los pies de la cama se abrió en automático, un
sujetillo calvo, envuelto en una bata blanca
se dirigió a el: “Dr. Rigth, ¿Cómo se encuentra? Imagino que confundido, relájese un
poco, no intente hablar, mire esto” Acto seguido puso en sus manos un
espejo, Liam procedió a ver su reflejo
mientras el sujetillo hablaba: “El día
del accidente pensamos que lo perderíamos Dr. Su auto volcó, alguna falla con
los frenos, y se incendió, cuando sacamos su cuerpo, apenas y respiraba, los
médicos no dieron esperanza, Marielle, su esposa, accedió al procedimiento”
“Marielle” repitió apenas el Dr. Liam
“Ella está bien, esperando que le
procedimiento sea concluido”
El joven seguía perdido en su reflejo, su rostro
plástico, blanco, de ojos azules, era por demás expresivo, maravillado, no dejaba de tocar su frente y mejillas, de
repente sonrió y solo atinó a decir: “Soy
mi propia creación”
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